Menos mal que algunos pensamos con la cabecita y hallamos soluciones originales para mayúsculos problemas, como el del enunciado, la lástima es que los gobiernos no me vayan a oír, porque están comprados por las multinacionales de la cosa petrolera. O sea: no me van a hacer caso, porque oírme, vaya si me van a oír…
Pues que tengo el método para ahorrar entre un 20 y un 30% de nuestra factura del gas y la electricidad, y no sólo eso, sino que además ese ahorro llevaría añadido el beneficio de una ganancia en la salud de los españoles ¡todo son ventajas!
Tanta gente que va a gimnasios de fitness, tantos que pedalean en bicis estáticas en casa, tantos de corren o pasean por cintas en su saloncito… ¡y toda esa energía se desperdicia! No, eso no puede ser, la sociedad no puede permanecer impasible, en estos tiempos agitados, ante tamaño desperdicio de calorías.
Mi propuesta es dotar a todos esos aparatos de correr, de bicicletear, de levantar pesas, de hacer abdominales, de unas simples correas tractoras que impulsen dinamos en sus edificios y vayan acumulando energía eléctrica. Con muy poca inversión, y una tecnología que está hace tiempo a nuestra disposición ganaríamos ingentes cantidades de kilowatios y, encima, con un efecto beneficioso sobre nuestra salud.
¡A qué esperamos! Yo me voy a poner ya mismo una cinta de caminar para enchufar la máquina de afeitar, el exprimidor y la tele.
Lo siguiente será ir a lugares como cuarteles, cárceles, conventos, internados y otros donde haya dormitorios comunales y poner un recogedor de metano. Por lo mismo.
Paco, se ve que la postrera sombra,
lejos de ser postrera ha perdurado.
Se disimula el polvo enamorado
a escobazos debajo de la alfombra.
Amar sin más ni más ya nos asombra,
es algo secundario y mal mirado,
que en este trajinar acelerado
cuanto interviene amor ya no se nombra.
Nos impregna los poros una arenga
de inhóspita maldad, para quien tenga
un poco de razón, que descalabra.
Cuánta falta nos hace quien nos venga,
con la mágica voz de abracadabra,
a encender una luz con la palabra.
Los 40
Tema Poemas | (15) Comentarios
cómo camina sonora
la niña por el sendero
cómo camina la niña
con ese andar tan ligero
lleva la blusa encarnada
lleva pantalón vaquero
la melenita morena
acunada por el viento
lleva sus cuarenta abriles
como cuarenta luceros
cuarenta rotundos años
esclarecidos y tiernos
la ves pasar y dirías
que granaron los almendros
la ves pasar y trasciende
que dieron su fruto tierno
aquellos cuarenta otoños
que hacen su rostro sereno
camina con paso firme
como quien sabe el secreto
que a otros se nos oculta
del amor y su misterio
suena de fondo la acequia
en las cañas silba el viento
el grillo canta en la mata
y el ruiseñor en el cielo
en el trigal se han dormido
indiferentes los cuervos
y cae la tarde a plomo
contra las tapias del huerto
la sombra va con la niña
la sombra la va siguiendo
parece que de la mano
de su sombra corra luego
y que trepa por las tapias
naranjos y limoneros
y es más alta que un ciprés
y más ligera que un ciervo
y cuando la ven pasar
paran de ladrar los perros
y murmuran las comadres
sacan de fumar los viejos
y se dicen uno a otro
qué guapa los jornaleros
qué guapa está y ya está dicha
enteramente con eso
qué gracia de sus caderas
qué meneillo travieso
qué grupa tan bien ceñida
qué vaivén tan pizpireto
y ese cuello que es un nácar
y esa cintura de fresno
y ese escote que es un mármol
y esos ojos tan inmensos
qué guapa que va la niña
con la promesa de un beso
porque a esta mujer la llevan
y la traen sin sosiego
unos ojos verdes verdes
unos ojos sin remedio
un bigote de los de antes
un besar de los eternos
un lecho de los de nunca
un amar tan a destiempo
que ha tenido que sacarse
otra juventud de dentro
dicen de él las malas lenguas
que es más joven que no es serio
que no hacen buena pareja
ella hermosa y él tan feo
y que para andar de novios
se les ha pasado el tiempo
pero nadie lo diría
viéndoles arder enteros
nadie diría que no
son dos niños en sus juegos
quién podría imaginarse
la pasión de sus encuentros
los mordiscos las caricias
la dulzura el desenfreno
cómo después de olvidarse
han hecho el descubrimiento
cara a cara de sus almas
palmo a palmo de sus cuerpos
han desenterrado tanto
han sacado a cielo abierto
los mimos y las sonrisas
las lágrimas los te quiero
han aireado la ropa
han repintado el silencio
han puesto a secar al sol
las angustias y los miedos
y hoy va la niña cantando
bajito por sus adentros
porque le espera su novio
para comérsela a besos
va tan ligera que pierde
la cabeza y el pañuelo
y se le caen los años
andando por el sendero
y a cada paso es más guapa
y tiene un septiembre menos
que va a recibir su novio
una chiquilla de premio
corre niña que te espera
corre niña que te espero
para decirte al oído
cuánto te echaba de menos
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No, vacaciones no tenemos, pero si tenemos dos días libres nos largamos con viento fresco a darnos un relajo, que nos lo pide el cuerpo. Esta vez nos fuimos a Hondarribia (antes Fuenterrabía), que nos sirvió de base operativa, pero lo cierto es que pasamos todo el tiempo entre Biarritz y Saint Jean de Luz, que son dos pueblos encantadores que están a tiro de piedra.
Lo primero de lo que uno se da cuenta cuando pasa la raya de Francia es de que allí es todo más verde y está limpio. Sí, limpio, ni una colilla en el suelo, oiga, ni un papelico, nada, lo tienen todo como los chorros del oro, qué gusto da. Se ve que está uno en un país civilizado, donde cada cual vive y deja vivir al prójimo, o al menos más que aquí, vamos, que hay una diferencia. Gentes de todas las razas, colores y creencias se aglutinan en torno al lenguaje galo a la banderita bleue-blanche-rouge y a eso tan básico de liberté, egalité, fraternité, que mira que tienen años y a mí aún hace que se me pongan los ojos como platos. ¡Algo tan básico, y qué lejos lo tenemos!
Y un comercioooo… uuuuh, tienditas bien surtidas, atendidas por gente que sabe de qué va su negocio, amables, eficientes, profesionales, y además no son caras, pese a la fama que tienen. Aquí mi señora me regaló dos sombreros Stetson, que vienen a ser como el stradivarius de los sombreros, en España te tienes que ir a Madrid o Barcelona a comprar uno, en Francia los tienen en cualquier pueblecito, ya ves. Y qué moda, Manuela aprovechó para ir a la pelu y salir así de guapa, y con gafas nuevas también, y vestidos a la moda parisina del otoño que empezará en breve ¡es que es otro nivel!
Los españoles solemos hablar mal de los franchutes, pero lo cierto es que hay algo de complejo de hermano menor, de país de abajo, en todo ello, y bastante envidia malsana en lo que debía ser admiración y tomar nota para mejorar. Me encanta Francia, de siempre ¿se me nota, verdad? Me pasa como con Barcelona, que cualquier excusa es buena y válida para dejarse caer por allí.
¿Una vistilla a sus paisajes?
No, no estaba desaparecido, es que estábamos de fiestorro. En esta casa no nos llega para tener vacaciones, ni mucho menos veraneo, a todo lo más que llegamos es a que aquí mi señora cierre por la tarde y nos podamos ir algún día a la playa (si no llueve, lo que no siempre ocurre), o que cojamos un puentecito aprovechando la fiesta del patrón para largarnos dos días al extranjero. O sea, a Francia, aquí al lado, que se tarda hora y pico en coche.
Como todos los años, me lo paso en grande saliendo a tirar fotos a todo lo que se menea por esas ferias, atracciones, juegos, concursos, deportes típicos, chiquilladas, algarabías y gamberradas. Esta es la foto que más me gusta, la de ir tirando fotos casi sin mirar, a lo que salga, y luego, eso sí, con paciencia y fotosop ir rebañando lo que se pueda conservar.
De las tresmil y pico que he tirado han quedado estas, y algunos cachitos que iré aprovechando para otras cosas. Voy mejorando.
Frente al Museo Guggenheim ha tenido lugar una manifestación antitaurina del grupo “Equanimal”, un grupo muy activo en defensa de los derechos de los animales, contra su explotación por métodos inhumanos. Lo cierto es que ha sido un acto muy vistoso y emotivo que ha despertado las simpatías de todos los que lo hemos presenciado. Habrá que echar una mano a esta gente ¿no?
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Hay quien se queja del clima de Bilbao, que llueve mucho y es algo grisáceo y tristón, pero esa impresión se desvanece en verano, cuando los días son más claros y la temperatura dista mucho de convertir la ciudad en un volcán, como son otras. Bilbao está bonito y apetece salir de paseo en esas tardes noches en las que ni se suda ni hace falta chaqueta (ni paraguas). Esta es una de esas veces en las que salimos a dar una vuelta cámara en ristre.
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A poco de salir de casa miramos hacia el monte Artxanda y cómo las casas de la Ciudad Jardín trepan por su falda. Luego bajamos corriendo hasta el centro, es cuesta abajo, y damos un paseo por las calles más chic. Vemos que hay mucho mucho cristal últimamente, y es que han descubierto que es duradero ante la lluvia, fácil de limpiar y no hace falta pintarlo cada dos por tres.
Atardece y nos acercamos al puente de La salve, que da un brinco sobre la ría dejando debajo de él el Museo Guggenheim, y permitiendo otear el panorama arriba y abajo del Nervión.
Luego ya se hace de noche y vamos volviendo a casa, momento para echar un vistazo sobre el Guggenheim iluminado, sobre la araña Mamá y la Universidad de Deusto en la otra orilla. Pero nosotros preferimos desandar lo andado y cruzar la ría del Nervión sobre la tambaleante y colgante pasarela Zubi Zuri, que deja ver el agua abajo a tus pies, y su espinazo de tubos y cables.







