Invento de día

Así me invente yo un día sobre todos,
un día que antes de amanecido ya tercamente brille,
un día capaz de abrir las puertas y, saliendo,
riegue las calles y corra las cortinas.
Un día miércoles que huela a buen domingo,
a feriado con banda y farolillos,
un día tonto para matar el tiempo
con amigos, con cháchara, de paseo,
que me cante el agua bajo el puente
y la chicharra bajo los geranios
y cuando mire al cielo, pajarillos
escriban amor allá en lo alto
y llevando del brazo a la más bella.
Así me invente un día que me huela
a buñuelo y limón, hierba cortada,
a ti cuando despiertas,
a después de la lluvia junto al río.
Un día colosal con un letrero
que señale el camino luminoso
por donde van los niños correteando
con los ojos enormes y redondos
y el corazón tocando sus tambores.
Un día de campanas y mugidos,
de gallos sin reloj a media tarde,
de mujeres cantando en la azotea
y de chiquillo que reclama teta.
Un día inventaré que sea redondo
como un mundo sin espinas,
donde manden los ceros a la izquierda
y levanten estatuas a los sueños.

    T.G.

Yo sólo quiero morirme

-¡Yo sólo quiero morirme!
-Que sí­, padre, que ya lo sé, que todos los dí­as estamos con la misma martingala.
-Qué martingala ni qué niño muerto, así­ descanso ya de una puta vez, y vosotros también.
-Ande, ande, no diga tonterí­as.
-Quince años, quince, llevo queriendo morirme, desde que se..
-…desde que se murió madre, que sí­, que ya lo sé, que me lo dice cada dí­a ¡no lo he de saber!
-Pues eso quiero, morirme de una vez y dejar ya de sufrir.
-¡Pero qué va a sufrir, si mejor que vive…!
-¡Vivir! ¿A esto llamas vivir, a pasarme el dí­a sentado viendo la tele o mirando por la ventana, que ni a mear puedo ir yo solo
-Sí­ que puede, sí­, ande, deje de quejarse y estese quieto, que así­ no le puedo peinar.
-Como un muñeco, eso soy, como un muñeco, que me tienen que afeitar y peinar ¿ves como no puedo tener ganas más que de morirme, hijica?
-¡Mira, al menos los muñecos se dejan hacer!
-Si esto no es vida, hijica, si yo sólo quiero morirme, pero de verdad, de una puta vez.
-Usté lo que tiene que hacer es cenarse su yogur y a la cama ¡ea! que ya está bien guapo con su pijama y sus pelos bien peinados.
-Ni cenar como dios manda puedo ya… un puto yogur.
-Venga, cómaselo y deje de gruñir, que cada dí­a es más cascarrabias.
-Y cómo no he de protestar si aquí­ estoy padeciendo en vez de morirme.
-¡Ay, qué cansino está!
-¡Y esto qué es! ¡Si este yogur está caducao! ¡Pero cómo me das un yogur caducao! ¡Mecagüen dios! ¿Pero tú qué quieres, que me ponga malo? ¡Hostia!