Precisamente así, con una copa,
un cigarrillo y la mirada ausente,
yo te recuerdo pasando indiferente,
haciéndote la loca,
soñando entre la gente.
Vas lentamente moviendo la cadera,
los brazos, la cintura,
entre flashes de luz, como si fuera
una lenta pintura
de fondo de la noche callejera
tu figura.
Pasas las horas, los viernes, los yintonics,
pasas bailando tu prolongada infancia.
Cada semana acaba en esta dosis
de pura extravagancia,
dejando de pensar en una estancia
de olvido y autohipnosis.
Sólo querías tener tu vida propia,
no despertar el lunes de tu sueño
y no sentir que vives en la inopia.
Y llevas un letrero de «Sin dueño»,
rebelde fotocopia,
tatuado sobre el pubis en pequeño.
Tomás Galindo ©
PLAS,PLAS,PLAS
hacia mucho que algo no me gustaba tanto
grazie
Precioso Oz, realmente precioso.
Mil besos
¡Horror infernal!
¡Pecado infinito!
¡Ha dicho pubis!